LAS RUINAS DEL MOLINO DEL RÍO BAÑUELOS SE PONDRÁN EN VALOR PARA VISITAS DIDÁCTICAS

Un ingenio de al menos del siglo XVIII. Aparece citado en el Catastro de Ensenada de 1753 y es propiedad municipal, fruto de una expropiación, desde finales del siglo pasado

Diario de Burgos - 24/02/2014

 

La Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento arandino se ha propuesto conferir un atractivo añadido al proyecto de restauración paisajística que se está acometiendo en las riberas del río Bañuelos fruto de la renovación del colector de la margen izquierda, financiado por la Junta dentro de las subvenciones aportadas para Las Edades del Hombre.

Las labores de desbroce que se han llevado a cabo en la orilla del cauce fluvial han permitido sacar a la luz las ruinas de un viejo molino harinero que el equipo de gobierno quiere poner en valor para convertirlo en un área de recreo a disposición de todos los arandinos y visitantes. Unas instalaciones situadas al pie de la presa de Fuenteminaya, frente a la cual se alza el antiquísimo alfar de Félix Martín.

El responsable municipal de Medio Ambiente, Diego Velázquez, se muestra muy ilusionado con este proyecto y ya ha encargado a una empresa especializada en temas arqueológicos la realización de una memoria para hacer frente a esta actuación.

«Creemos que es un molino de finales del XVII o comienzos del XVIII que se instaló aprovechando un salto natural y es de los más antiguos, sino el más antiguo de Aranda. Es bastante interesante, que en pleno centro de Aranda tengamos eso ahí, lo vamos a recuperar, porque es parte de nuestra historia, y puede quedar un área natural muy bonita y atractiva para que se acerque la gente a disfrutarla», explica.

Ruinas del molino del río Bañuelos

Ruinas del molino del río Bañuelos

Una intervención con la que se quiere poner también el punto de atención sobre el puente románico del siglo XIII, cuyo arco semicircular es completamente visible aguas abajo desde la margen derecha, conocido como Puente de Minaya y vinculado al camino que salía por la puerta de la muralla de Cascajar.

La actuación, al menos inicialmente, pasaría por la limpieza y consolidación de los restos, entre ellos el caz pétreo del molino primigenio que se sospecha que estuvo situado algo más alto y unos metros curso abajo. Asimismo la actuación se podría complementar con la instalación de unos paneles explicativos sobre la ancestral tradición molinera de la capital ribereña -uno de los elementos destacados del plano de 1503 es una aceña de dos ruedas situada en la margen derecho del Duero aguas abajo del puente sobre este río- así como sobre el funcionamiento de estos ingenios hidráulicos y sus diferentes componentes.

El molino ya aparece citado en 1753 en las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada, a las que ha tenido acceso DB a través de la página web del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Se alude a que en Aranda existían tres aceñas, sobre el río Duero, dos molinos en el río Arandilla, uno con tres ruedas y otro dos, y otro en «sobre el río Bañuelos con dos ruedas harineras perteneciente a Antonio Fuentenebro, vecino de esta villa, que lleva en arrendamiento Flores de la Cuesta por el que paga cada año 48 fanegas de trigo y a otro precio de doce reales valor quinientos setenta y seis».

La instalación bien pudo acoger posteriormente un batán y que según el ‘Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar’, de Pascual Madoz, Aranda contaba en 1860 con un batán de telas de lana, aguas arriba del Duero, aguas bajo la aceña del Santo Cristo, y un poco más lejos un molino, luego fábrica de harinas. En el Arandilla estaban situados dos molinos y un batán, y en el Bañuelos, un molino y un batán. Y con esta esta última denominación aparece reseñado en esa misma ubicación en el Plano de Aranda de 1868 elaborado por Francisco Coello.

Según explica el exconcejal de Obras, Alberto Villahoz, aficionado a bucear en pos de datos históricos de la capital ribereña, el citado molino funcionó hasta pasada la segunda mitad del siglo XX. Según testimonios de algunos arandinos veteranos se conocía como ‘del Garrapata’, algo a lo que alude Luis Díaz ‘Sulidiza’ en su libro ‘Estampas Arandinas’ dentro del capítulo dedicada a los cocederos que sitúa «allá por los años veinte» donde recoge que «...la tía Garrida saca mejor pan con la harina que la hace el Garrapata...».

El molino, con su correspondiente presa y derecho de aguas -si es que no se ha extinguido- según revela Villahoz, es actualmente propiedad municipal, fruto de un proceso de expropiación iniciado en 1997, cuando ya estaba en ruinas, a instancias de los herederos de su último propietario, Publio Rico Buela.

Una finca de 1.000 m2 que aparecía como «a expropiar» en el Plan Especial de Reforma Interior, Conservación y Valoración Histórico Artística del Casco Antiguo de Aranda de Duero, aprobado el 6 de abril de 1990, que destinaba esos terrenos a Parque Urbano Público, sin atribución de aprovechamiento lucrativo alguno y sin incluir en unidad de ejecución.