LA SANTINA BURGALESA Y EL MITO DE LA RECONQUISTA

La talla más antigua de la Virgen de Covadonga, cuya festividad se celebra hoy, se conserva en Cillaperlata. El historiador Ribero-Meneses sostiene que fue junto al Ebro y no en Asturias donde se frenó la ofensiva sarracena

Diario de Burgos - 08/09/2009

 

Cillaperlata se aparece a los ojos del visitante como un espectro que surgiera del espejo de un Ebro que en sus inmediaciones se remansa tras discurrir varios kilómetros encajonado por el espectacular desfiladero de La Horadada. Su iglesia está consagrada a Nuestra Señora de Covadonga, cuya festividad se celebra hoy martes, y en su interior existe una hermosa talla en madera policromada de María sentada con el Niño Jesús en su regazo. Esa imagen es, con toda probabilidad, la más antigua que existe de la Virgen de Covadonga; más, desde luego, que la que se honra en la famosa cueva asturiana, toda vez que, tras un pavoroso incendio acaecido en 1777, desapareció la escultura que en el santuario se veneraba, siendo sustituida por otra realizada en el siglo XVII. Sin embargo, se sabe que la imagen destruida era exactamente igual que la que se conserva en la iglesia de Cillaperlata y, aunque su existencia no es demasiado conocida, en los últimos tiempos la localidad burgalesa ha recibido visitas de fervorosos asturianos que querían conocer detalles sobre aquella primera Santina.

Lo que aún no está del todo claro es cuál de las dos tallas sería la original, ya que existen visiones contrapuestas. Una de las teorías asegura que la talla de la iglesia de este pueblo es una réplica de la asturiana llevada hasta allí por un monje benedictino, primera orden que se estableció en Covadonga. La otra señala que el viaje fue el inverso: no en vano, junto a Cillaperlata, existió un monasterio benedictino llamado de San Juan de la Hoz del que apenas hoy quedan unas ruinas después de que los franceses primero y la desidia y los humanos carroñeros después lo expoliaran hasta el infinito. Fue en esta abadía donde se reverenciaba a la Virgen de Covadonga y de donde, según la segunda teoría, salió la copia hacia el santuario de Cangas de Onís para luego desaparecer a consecuencia del fuego.

Esta afirmación se argumenta en el hecho de que el asentamiento benedictino de Cillaperlata se remonta al siglo V y que fue el rey Alfonso I quien en el siglo VIII, tras visitar las estribaciones del Ebro, barrera de defensa natural frente a posibles invasores que quisieran avanzar hacia el norte de la península, se llevó hacia el Principado a varios de estos monjes benedictinos con el fin de que fundaran en Asturias otro monasterio también consagrado a Nuestra Señora de Covadonga. Sea como fuera, en el año 2001, y con motivo del centenario de la consagración de la Basílica de Covadonga, Cillaperlata cedió a su Santina. El Arzobispado de Oviedo devolvió el favor sufragando su restauración.

UNA TEORÍA HISTÓRICA

Virgen de Covadonga de Cillaperlata 

Virgen de Covadonga de Cillaperlata

A propósito de esta peripecia histórica, el filólogo e historiador Jorge María Ribero-Meneses, autor de un centenar de libros con teorías tan controvertidas como deslumbrantes sobre el origen de la humanidad o el nacimiento del castellano, sostiene que la Reconquista, capítulo mitificado de la historia de España, no tuvo su origen en el Reino Astur, toda vez que los árabes no llegaron nunca hasta sus verdes valles salvo en incursiones de poco fuste, sino que ésta dio comienzo en esta zona del Ebro custodiada por los montes Obarenes, donde las hordas sarracenas fueron frenadas en seco. En uno de sus puntos más estratégicos, en las cercanías de Trespaderne, todavía quedan restos del castillo de Tedeja, fortaleza inaccesible desde la que el duque de Cantabria, consuegro de don Pelayo, logró repeler las ofensivas de los batallones de la Media Luna.

Ribero-Meneses pone en solfa que incluso se produjera la famosa batalla de Covadonga, considerada oficialmente el primer paso para la Reconquista, señalando que los más cruentos enfrentamientos entre cristianos y moros se produjeron en la puerta de Castilla hacia el norte peninsular, por lo que, asegura, la presencia musulmana en el norte de este reino, como en Cantabria, Asturias y Euskadi, fue anecdótica. Curiosamente, otra Virgen venerada en Cillaperlata es la protagonista de un ‘milagro’ registrado en esa época. La Virgen de Encinillas, cuya festividad también se celebra en septiembre, obró según la leyenda un milagro por el cual en el año 779 (años después de la batalla de Covadonga, fechada en el 722) las huestes cristianas vencieron a los infieles en las inmediaciones de Cillaperlata, en el lugar en el que actualmente se halla la central eléctrica de Trespaderne.

El enfrentamiento entre ambos ejércitos fue tan terrible que la sangre tiñó el Ebro. La leyenda dice que la Virgen alargó la luz de aquel día dos horas más para que los cristianos consiguieran imponerse a los sarracenos. De ahí que la Virgen de Encinillas sea conocida también como la ‘Virgen del Negro Día’. Las crónicas hablarían después de casi 10.000 musulmanes muertos a orillas del Ebro.

 
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