LA DÉCADA PERDIDA DEL MUSEO DE BURGOS

Hace ahora 10 años el Museo de Burgos compraba la residencia de Belén para una ambiciosa ampliación nunca realizada. Fue una de las primeras víctimas de la crisis y ahora se está cayendo

Diario de Burgos - 07/09/2014

 

España era otra cosa hace una década. Era un país en el que en pleno verano se confirmaba que el Ministerio de Cultura había llegado a un acuerdo con los propietarios de un edificio para ampliar un museo provincial e invertir en él unos cuantos millones de euros.

Era una administración en la que, tres años después, la subdelegada del Gobierno en Burgos visitaba las vetustas instalaciones y confirmaba que la inversión era posible, y que de hecho se iniciaría en pocos meses porque ya estaba todo listo. Se hablaba de 7,5 millones de euros, de duplicar el espacio expositivo, y nadie se extrañaba. Ahora, una década más tarde, nada de aquello se ha cumplido y el proyecto para la ampliación del Museo Provincial de Burgos sigue durmiendo el sueño de los justos, sin que nadie sepa asegurar cuándo saldrá adelante.

Mientras tanto, como ocurrió hace unas semanas, los edificios del siglo XVI se caen. A principios del mes pasado se desprendió una medianera entre la Casa de Melgosa y la Casa de Miranda y su caída obligará al Ministerio de Cultura a invertir al menos 180.000 euros en su urgente reconstrucción.

En agosto de 2004 las páginas de DB se felicitaban con la buena noticia de que el Gobierno y las religiosas propietarias del inmueble habían acordado la compraventa de la antigua residencia Nuestra Señora de Belén, anexa al actual museo, para sumarla a la Casa Melgosa y el viejo cine Calatravas, de forma que entre todos ellos permitieran una ambiciosa expansión que multiplicaría las posibilidades de esta dotación cultural.

Museo de Burgos

Museo de Burgos

Entonces ya se llevaba tiempo dando vueltas a la mejora y ampliación del Museo de Burgos, un lugar muy poco conocido para la mayoría de los ciudadanos, sin el tirón mediático del Museo de la Evolución Humana que estaba todavía en construcción y al que se quería dar un verdadero impulso para disparar su escasa estadística de visitantes, formada en su mayor parte por escolares o asociaciones.

Su actual directora, Marta Negro, recuerda que la compra de los inmuebles anexos «estuvo motivada por la necesidad de completar las instalaciones» de forma que fueran más adecuadas para todos los ciudadanos con una biblioteca, una sala multiusos, salas de exposiciones temporales, aulas específicas para los talleres escolares, habilitar unos almacenes a la altura de la importancia de los fondos que custodia y sumar a la exposición permanente dos nuevas secciones: Artes Decorativas y Arte Contemporáneo.

Todo parecía viento en popa, en un momento ideal para llevarlo a cabo y con los tiempos adecuados para que los trabajos concluyeran más o menos al tiempo que se inauguraba el MEH. Felices se las prometían en diciembre de 2007 el entonces responsable del Museo de Burgos, Juan Carlos Elorza, y la subdelegada Berta Tricio. Convocaron a la prensa para anunciar que las obras comenzarían en 2008 y que contaban ya con una partida de 7,5 millones de euros hasta 2010. La superficie de exposición se duplicaría hasta los 10.000 metros cuadrados y ya existía un programa de redistribución de espacios que iba a ser inmediatamente enviado al Ministerio de Cultura para la convocatoria del concurso de ideas que debía concretar la ampliación.

«Ya no cabe más», decía Elorza entonces. «Tenemos colecciones de arte suntuarias y decorativas que son riquísimas. No tiene sentido que los esmaltes de Silos compartan espacios con pinturas góticas o flamencas. Además, los hallazgos de las excavaciones arqueológicas que se hacen en la ciudad tienen como destinatario al museo y necesitamos sitio», apuntaba con fundadas esperanzas de solucionarlo muy pronto.

Hete aquí, sin embargo, que llegó la crisis. Cuando esperaban que de un momento a otro el BOE publicase la convocatoria del concurso de ideas, lo que hubiera puesto toda la maquinaria en marcha sin posibilidades de dar marcha atrás, resulta que el proyecto fue una de las primeras víctimas de los recortes presupuestarios de la administración estatal. Los problemas hicieron que el Ministerio abandonase el proyecto de ampliación «a comienzos del año 2008», relata Marta Negro, que en aquel tiempo era la conservadora. Pocas semanas después de la visita de las autoridades «el elevado costo de la inversión, que hubiera supuesto duplicar los metros cuadrados útiles del centro, hizo que de momento se aparcase el nuevo proyecto en espera de mejores perspectivas económicas».

A LA ESPERA

Esas nuevas perspectivas no han llegado y la ampliación del Museo de Burgos está lejos de figurar entre las prioridades del Ministerio, que por ejemplo acaba de gastarse 65 millones de euros en la renovación integral del Museo Arqueológico Nacional de Madrid. «Pero esto no quiere decir que se haya abandonado o que las necesidades que provocaron su adquisición hayan desaparecido», advierte Marta Negro.

Es cuestión de esperar tiempos más prósperos, pero mientras tanto habrá que renunciar a la bonita idea de ampliar un museo infrautilizado y dedicarse en su lugar a sobrevivir, a sujetar las paredes que ahora se caen y a llevar a cabo un mínimo mantenimiento que evite nuevos sustos.

 
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