CUARTETO DE JÓVENES ARTISTAS FRENTE AL ESPEJO

Elvira Palazuelos, Rodrigo García, Nuria Pampliega y Beatriz Maestro diseccionan la realidad y cuentan los retos a los que se enfrentan como creadores en Burgos

El Correo de Burgos - 25/05/2014

 

Son veinteañeros, empiezan a florecer como creadores y tienen las ideas claras. Cuatro jóvenes artistas burgaleses, Elvira Palazuelos, Rodrigo García, Nuria Pampliega y Beatriz Maestro, se ponen frente al espejo para mirar y diseccionar el reflejo de su propia realidad. Lo hacen en el marco de la exposición ‘Veintitantos, primeros tiempos’ en el CAB, en la que los tres primeros participan junto a otros siete nacidos entre 1980 y 1992 y la última, también artista, como comisaria.

Su discurso arremete contra la falta total de apoyos, contra un sistema que minusvalora la educación artística y no crea oportunidades para el crecimiento de la cantera y contra la ausencia de un punto de encuentro creativo. De su diccionario ha desaparecido la palabra subvención y está subrayada en rojo la de agallas.

LOS DESAFÍOS

Se miran unos a otros y sueltan alguna sonrisa nerviosa antes de recopilar los retos a los que se enfrenta hoy un joven creador en Burgos. Rodrigo García se lanza primero: «Fundamentalmente, abrirse camino. No se confía en la juventud, ni las instituciones ni el público. No nos dejan».

Para Beatriz Maestro la batalla es romper con el peso de la tradición en el mundo artístico burgalés. «La gente no está acostumbrada a propuestas innovadoras, no está metida en las nuevas tendencias y es difícil acercarles el arte contemporáneo», señala y asiente el resto.

Jóvenes artistas burgaleses

Jóvenes artistas burgaleses

Y ahí localiza Elvira Palazuelos el gran desafío de los artistas: hacer que el público se sienta más cerca del arte contemporáneo. «El camino es complicado», reconoce y García apostilla que si los agentes culturales solo apuestan por los valores clásicos y no arriesgan, ese espectador no lo hará nunca porque no se lo ofertarán y será la pescadilla que se muerde la cola.

«Hay que ser muy creativo y conocer muy bien al público para acceder a él, es difícil, pero a veces se consigue», confía la comisaria.

Palazuelos cree que queda mucho trabajo por delante: «Tenemos que lidiar con una educación artística prácticamente nula, con una tradición de iniciativas culturales con muchas carencias y con un sistema social que no valora la crítica ni la reflexión artística».

García considera que, simplemente, la gente es vaga. «Si tú le llevas a la exposición casi a su casa lo ve», dice y Maestro apostilla que pueden verlo, pero no aprenderlo, asumirlo, apreciarlo o despreciarlo. Y es lo que ella quiere.

¿Cuál es la aportación de los jóvenes creadores para que esta situación cambie? «Creer más en nosotros mismos, tener más iniciativa y pelearla, buscar soluciones y no dejarse derrotar», contesta Maestro y apuesta por la unión.

Lamentan que no haya puntos de encuentro que pongan en contacto a unos con otros y puedan alimentarse y compartir. Echan de menos los espacios físicos, pero también el intercambio de ideas, el flujo de información, que después pueda materializarse en acciones.

«El arte es una mirada desde el momento en el que vivimos, como artistas hablamos de la sociedad en la que estamos y esa es la aportación que tratamos de hacer», defiende Palazuelos.

ARTE Y COMPROMISO

Esa mirada desde el hoy se refleja en ‘Veintitantos, primeros tiempos’. Su comisaria asegura que esa era la idea, seleccionar obras que hablasen de lo que está pasando ahora. Y esa creación de una u otra manera está cargada de compromiso social y/o político. ¿Tiene el arte de ahora más o menos de esto que antes? Aquí disienten las posturas.

«Implicados políticamente, menos; socialmente, más», espeta Maestro y García coincide con ella: «Los jóvenes estamos bastante acomodados. Somos de una generación que lo ha tenido todo y nos cuesta levantarnos a buscarnos las alubias».

No lo ve tan claro Palazuelos. «Depende de lo que se entienda por implicación. Tal vez no estamos metidos en el activismo político, pero el hecho de producir una obra que reflexione sobre momentos difíciles, exponga soluciones o genere inquietud en el espectador es una forma de compromiso y, en ese sentido, en el arte contemporáneo sí hay una vuelta a la realidad», anota y convence a sus compañeros.

Si luego pueden cambiar o no algo es harina de otro costal. «Tú haces de espejo de lo que ves, pero también sabes que quien lo va a percibir va a pensar sobre ello y se establece una especie de diálogo», observa y lo ve como un principio.

INICIO EN MEDIO DE LA CRISIS

Y de principios los cuatro saben mucho. Veinteañeros como son, su vida acaba de empezar y, en unos casos más que en otros, sus carreras artísticas, también. Lo tienen que hacer, además, en medio de una crisis feroz y eso, afirma García entre risas, es casi imposible.

«Es difícil, pero yo creo que siempre lo es. A la gente le cuesta ver esta carrera como algo serio, con sentido», se arranca Maestro y se queja igualmente de la formación artística reglada. «No te preparan para moverte por la realidad, ni como artista ni para desenvolverte en el mundo de la cultura de una manera pragmática», amplía y ella, como Palazuelos, cree que la primera ficha a mover es el sistema educativo, que, critican, ahora se quiere cargar las enseñanzas artísticas.

«La educación artística está perdiendo valor y parece que no importa a nadie», reflexiona Palazuelos y se queja del desconocimiento de su potencial para cualquier persona, se vaya a dedicar o no a este campo.

Pero los gigantes a combatir son pelotón y Nuria Pampliega Palacín, editora de la revista 190º y cofundadora de la empresa de diseño Voltineta, suelta que su mayor lucha la ha librado en su búsqueda de apoyos. «Quieres hacer cosas y en este momento de crisis todo el mundo se aparta. Estás tú sola y te tienes que buscar la manera de salir adelante, organizarte, y, poco a poco, es verdad que encuentras. Descubres que una pequeña tienda quiere apoyar a jóvenes artistas y ves que los grandes, a los que te diriges en un principio pensando que tienen más solvencia económica, son los menos interesados», relata y se gana el piropo de Palazuelos, que aplaude su valentía al lanzarse a editar una nueva publicación, que, a su vez, apoya a los creadores.

Lo hace, dice, porque ella misma se vio en la situación de tantos y tantos estudiantes que salen de la escuela o facultad y no saben dar el siguiente paso. «Acabé la carrera y quería que se viera lo que yo hacía, pero no tenía dónde mostrarlo y como yo mucha gente que hacía cosas espectaculares, pero sin un medio para presentarse», recuerda. No le gusta a Pampliega la etiqueta de emprendedora, aunque lo sea: «Eso del emprendimiento se ha puesto muy de moda y al final somos gente con ganas de hacer cosas. Yo soy incapaz de quedarme en casa sentada. Simplemente eso».

La diversificación es la clave para sobrevivir, según García, pintor, que ahora trabaja en la realización de una carroza para San Pedro, mientras Maestro corrobora que si algo bueno tiene esta maldita crisis es que agudiza el ingenio y la imaginación.

INMIGRANTES ESPAÑOLES

Diez burgaleses de nacimiento integran la colectiva organizada por la Universidad de Burgos en el CAB y seis trabajan de forma permanente o temporal fuera de su ciudad, a veces hasta del país, y el resto también ha hecho sus pinitos. ¿Qué está pasando?

«El apoyo institucional y financiero es escasísimo y es una lástima porque la gente que se va sabe que puede dar mucho, necesitan darlo y para crecer tienen dos opciones: quedarse aquí y no evolucionar o salir fuera y probar, por lo menos eso», contesta Maestro.

¿Aquí no hay futuro? La respuesta es unánime: «Poco, muy poco».

¿Qué encuentran fuera que aquí no tienen? Maestro coge la palabra de nuevo. «Para empezar, a un público más preparado, y luego, instituciones públicas o entidades privadas que sí aprecian esos contenidos artísticos, y no solo su valor cultural, sino también económico. Está comprobado que la cultura genera dinero, aunque aquí no se vea así», sostiene y reconoce que las salidas fuera también son en busca de estímulos, «de alguien que te dinamice a ti».

Palazuelos, que vive en Pamplona, donde da clases de Plástica en un instituto, lamenta que en Burgos «no haya foros ni para exponer, ni para encontrarnos, ni para charlar, ni para crear, ni para producir... y fuera a veces sí».

Pampliega compara Burgos con Logroño, donde estudió Diseño, y la cuna del Cid sale perdiendo: «Allí ceden espacios gratis a los artistas para juntarse y desarrollar un proyecto, además de las muchas y variadas propuestas artísticas».

¿ARTE DE PRIMEROS DEL XXI?

¿Se podrá hablar en el futuro de un arte de primeros del siglo XXI a orillas del Arlanzón? «Yo espero que sí, pero también que sea antes, que ya se estuviese haciendo», se adelanta Palazuelos y todos identifican un caldo de cultivo, una cantera interesante, un relevo garantizado, a pesar de la falta de oportunidades y de las trabas.

Y de este arte los libros de texto dirán o las tertulias comentarán que era, convienen, multidisciplinar, híbrido, dinámico... «Lo inunda todo, ya no es un objeto, un lienzo, es una manera de vivir, un comportamiento. Ya no hay un movimiento con unas características concretas, ahora hay muchos subsectores que trabajan al mismo tiempo», resume Maestro y Palazuelos destaca la colaboración entre los distintos colectivos, con la inestimable ayuda de las nuevas tecnologías, para contactar con otros artistas y proyectar tu obra.

¿LA PALABRA SUBVENCIÓN?

Después de más de media hora de charla, la palabra subvención no ha aparecido. Sorpresa. Ellos se ríen. «¡Es que no existen!», exclama García entre risas y la seriedad la pone Maestro: «Esta realidad tiene pros y contras. Te obliga a moverte, a buscar tus propias opciones y no limitarte a producir a golpe de subvención, pero, por otro lado, los proyectos buenos y ambiciosos son imposibles de llevar a cabo».

Pampliega reconoce que las buscó, pero pronto vio que las propuestas que se salían de lo establecido estaban fuera de las pocas que se mantenían.

Cuando se les pregunta por los mecenas modernos una palabra anglosajona resurge: crowdfunding. Aunque Palazuelos aclara que este micromecenazgo, que tan bien resulta en música o teatro, es difícil en artes plásticas. Y por experiencia propia, Pampliega apunta a las pequeñas empresas y al intercambio de sinergias, que, por otro lado, tampoco está tan lejos de ese apoyo a pequeña escala.

UNA VARITA MÁGICA PARA...

La realidad no pinta en rosa para los jóvenes creadores, aunque sus agallas hacen que tampoco en negro. Cuando se les da una varita mágica para pintar su situación ideal, todos blanden la herramienta con los pies en el suelo.

Un simple movimiento, en el que coinciden todos, les haría felices. Les encantaría que los dejaran la vieja estación de tren para convertirla en un espacio de creación, con cabida a todas las disciplinas, que lo abarcase desde la formación y con carácter profesional, que propiciase la interrelación y el intercambio, lo más autogestionado posible, con libertad expresiva y creativa, con una residencia para artistas... Tormenta de ideas.

Saben que son muchos los artistas que sueñan con ello y están en absoluto desacuerdo con los planes del Ayuntamiento de tornarlo en un centro de ocio infantil y juvenil. «Si no funciona el Espacio Joven de Gamonal, que además es gratuito, ¿cómo lo va a hacer allí?», se pregunta García.

Palazuelos pide, además, una formación artística de calidad desde infantil hasta adultos y una programación cultural en la ciudad a largo plazo continua, variada, abierta a todas las propuestas...

Mientras que Pampliega urge más apoyo a las iniciativas. «Siempre he querido hacer mil cosas y nunca lo he visto. Al final salen pero a menor escala de la deseada», observa y se lo dice al alcalde, a empresas grandes y pequeñas «porque al final son cosas que benefician y son buenas para la ciudad».

No les valen las palmadas en la espalda, quieren un mínimo de ayuda económica, de reconocimiento a un trabajo y un tiempo invertido. «Tener la suerte de hacer lo que nos gusta no significa que lo tengamos que hacer gratis porque al final se acaba muriendo. Se está explotando a los artistas», espeta Maestro y es Palazuelos quien pone el dedo en la llaga: «Es por esto por lo que la gente se marcha, por lo que se va muriendo la cultura local... Aquí aún no hay conciencia de que lo que hace el artista es positivo para todos».

Y entre tantos reproches, un rayo de luz en forma de ciudad inspiradora, de luz mágica, de muchos valientes sin miedo a lo nuevo, de cantera de artistas y gente con iniciativa y ganas de hacer cosas como este cuarteto de creadores sentados frente al espejo.

 
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