EL VIAJE POR EL UNIVERSO CREATIVO Y VITAL DE VERÓNICA ALCÁCER

La artista burgalesa despliega barcas en el Consulado del Mar para viajar a los rincones que riegan su inspiración y explorar en sus nuevas técnicas y soportes

El Correo de Burgos - 19/05/2014

 

El viaje por el universo creativo de Verónica Alcácer arranca en el mismo Paseo del Espolón. Antes de entrar al Consulado del Mar. En el interior empieza un viaje por lo conocido, distintas imágenes de la Catedral en diferentes estaciones donde todo varía, todo cambia pero ella sigue imperturbable al paso del tiempo. La ruta empieza en casa pero la artista dispone de barcas en el mar, «en referencia a la gestión de la comunicación marítima que se hacía desde los Reyes Católicos en este lugar», reconoce. Con estos cuadros de motivos marítimos realiza al observador de sus pinturas «una invitación a un microviaje hacia otro espacio de la exposición centrado en África», señala Verónica Alcácer.

La instalación no deja indiferente a nadie. Ha recreado una «cápsula de la fragilidad» donde entras para zambullirte en un mar de burbújas que explotan al paso para acceder a un área de cuadros donde todo es luz. La que le inspiran sus viajes a África o Jerusalén. Este juego, más propio de su alter ego la Niña Vero, se deja ver también en cuadros como el del diente de león que invita a soplar o su versión en arte de ‘El Principito’ que «hace que los cuadros de la Niña Vero tengan sentido, como una forma de ver las cosas desde los ojos del corazón». En este segundo espacio creativo la artista recrea con todas sus obras e intervenciones artísticas una especie de zoco. «Allí en Jerusalén, en el zoco, todo está a la vista, no se guarda ni se esconde nada y quería probar a ver qué pasa si ofreces a la gente ese otro contacto», señala la artista que recuerda con ilusión su último viaje a Jerusalén. Vivió allí desde el año 1998 hasta el 2003 y se fue cuando al tristeza de las secuelas de la guerra pesaba demasiado. Regresó hace dos meses y medio para su última aventura creativa, pintar telas de seda de Damasco y de algodón de la zona. «Volver y ver a la gente que conocía que estaba bien, a una ciudad viva tan bella que puedas pasear por allí pero detrás del muro la tristeza es tremenda», resume. En una de sus telas de algodón recrea esta ciudad de la que vive enamorada, un jardín que fue una prueba. Pero la Niña Vero siempre vuelve a casa. A su Burgos. La Catedral también está pintada en seda.

Verónica Alcácer

Verónica Alcácer

Este ha sido el último desafío creativo de Verónica Alcácer siempre en constante innovación de su estilo propio. «Yo soy artista, ahora hay muchos pintores, pero mi trabajo como artista no es sólo transformar la materia es también crear sensaciones». Para ello juega con las sedas de Damasco, «las últimas porque con la guerra la fábrica ha parado». En ellas «la pintura se mueve por donde quiere y es difícil de controlar». También hay acuarela, carboncillo y óleo donde el protagonismo es del color. «Me gusta investigar, probar y sigo creando colores nuevos después de 20 años con los tres básicos que siempre están presentes en mi obra amarillo, azul y magenta». Un viaje por el desarrollo formal y serio del arte en el que la Niña Vero se va entrebambalinas para dejar paso a Verónica Alcácer.

 
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