LA MADRE DE LAS IGLESIAS INTELIGENTES

San Pedro de Albacastro fue, hace cuatro años, el primer templo monitorizado en el Plan Románico Norte para el control de humedad y temperatura pensando en su conservación. Ahora su experiencia sirve para proyectos mucho mayores

Diario de Burgos - 23/03/2014

 

Ni siquiera hay perros en unos kilómetros a la redonda. Y mucho menos hombres, excepto una familia que pasa temporadas esporádicas en el pueblo. Durante la mayor parte del año la localidad de Albacastro (perteneciente a Rebolledo de la Torre) permanece abandonada y en silencio, sin nadie que cuide ni sus calles ni sus casas ni, por supuesto, la iglesia de San Pedro, uno de los templos románicos más singulares de la provincia de Burgos.

Hemos dicho «nadie». No «nada». Donde la presencia humana no llega, allí están una puerta automática, una tarjeta magnética que la abre y unos sensores que miden temperatura y humedad y se controlan de forma remota y permanente con su correspondiente registro y archivo. Paradojas del desarrollo, el mismo progreso que abocó a la localidad a su despoblación ha permitido la aplicación de la tecnología para la custodia de su bien más preciado.

San Pedro de Albacastro, una pequeña joya erigida sobre la roca, en las faldas de la vertiente norte de Peña Amaya, es una de las tres iglesias de la provincia de Burgos que están siendo monitorizadas en el marco del Plan de Intervención Románico Norte, junto a las de San Cristóbal de Ailanes y Santa María la Mayor en Castrecías. Fue la primera y ha cumplido cuatro años de experimentación con resultados satisfactorios.

Las pruebas que se realizaron a comienzos de esta década han servido para que la Fundación Santa María la Real (responsable del programa de restauración financiado por la Junta de Castilla y León en colaboración con el propietario del bien, el Arzobispado de Burgos) perfeccione poco a poco sus tecnologías hasta crear todo un sistema adaptado al patrimonio cultural llamado ‘Monitoring Heritage System’ que se acaba de instalar en la catedral de Palencia y próximamente dará el salto a otros grandes templos.

El de Albacastro, como banco de pruebas que fue, cuenta con un sistema relativamente modesto. Pero suficiente para cumplir con la filosofía del proyecto. Se trata, como explica Juan Carlos Prieto, director de la Fundación, de «hacer un seguimiento del edificio y su evolución una vez restaurado».

Antes de la intervención del Plan Románico Norte la iglesia de San Pedro era una ruina casi absoluta. La cubierta desplomada ejemplificaba un abandono de varias décadas que conllevó un intenso expolio y que la situó de lleno en la lista roja de los bienes en peligro de desaparición.

Justo a tiempo, su recuperación permitió no solo la supervivencia del artesonado o de la pintura mural del ábside o el redescubrimiento de una pequeña portada románica, sino la consolidación del conjunto y su concepción para un uso realista.

En Albacastro apenas hay culto. Tampoco visitas. Así que fue necesario idear una nueva puerta para sustituir a la vieja, desaparecida. Se abre con una tarjeta magnética y permite acceder a un interior sencillo pero libre de humedades mediante un inteligente sistema de ventilación empleando rendijas entre las láminas de alabastro de las ventanas. La arquitectura interior se realza con una cuidada iluminación, oculta bajo el suelo de antiguas tumbas, y hasta la sacristía disfruta de un armario litúrgico nuevo, también hecho de alabastro, tras el que se accede a un pequeño patio.

Lo que nadie ve cuando está en la iglesia son los sensores, pieza fundamental de la monitorización. 24 horas al día, los 365 días del año, envían una señal permanente sobre la humedad y la temperatura y un sistema informático aplica los correspondientes algoritmos necesarios para interpretarlos. Y todo ello llega hasta Aguilar de Campoo, donde tiene la sede la Fundación, o hasta los dispositivos móviles de sus responsables para saber en todo momento cómo se encuentra la iglesia.

Begoña García, coordinadora del Departamento de Conservación del Patrimonio de Santa María la Real, explica que en los ejemplos más avanzados, instalados más recientemente, el propio sistema es capaz de abrir puertas o ventanas si considera necesario secar el interior, calefactarlo o refrescarlo. Se trata de verdaderas iglesias inteligentes de las que Albacastro fue la ‘madre’ o el primer laboratorio.

La instalación de los sensores, su automatización y los programas que lo controlan tiene un coste, desde luego, pero se trata de actuar de forma preventiva y no a hechos consumados: «A medio plazo el objetivo es no solo tener datos en tiempo real sino llegar a predecir lo que va a pasar. Cuesta el desarrollo, pero al final tendremos menos gastos, porque la vigilancia constante nos permite reaccionar a tiempo y controlar las condiciones en las más de 30 iglesias que ahora tenemos ya monitorizadas, sin esperar a que su deterioro nos obligue a acometer intervenciones que siempre son más caras», resume Prieto.

Lo ideal, admiten en la Fundación, sería poder medir y vigilar antes, durante y después de las restauraciones. Así se está haciendo por ejemplo en Castrecías, donde en 2012 se instalaron dos fisurómetros para controlar las grietas y varios sensores de temperatura y humedad con el objetivo de analizar las patologías de la iglesia y establecer para los próximos años las actuaciones necesarias.

Sin salir de la provincia burgalesa, en Ailanes de Zamanzas también se colocó un fisurómetro y sensores, aunque en esta ocasión solo después de su recuperación. En su caso, los dispositivos pretenden vigilar la conservación, pues antes de la restauración «presentaba importantes problemas estructurales que hicieron necesario el refuerzo de la bóveda de la cabecera y de la cimentación», explica Begoña García, y se trata de que no se repitan los mismos problemas.

PARA MÁS SEGURIDAD

Las mismas tecnologías (o muy similares) que se utilizan para el control de temperatura y humedad podrían servir también, en un futuro, para incrementar las medidas de seguridad que tanto preocupan en los diseminados templos de la provincia. Podría saberse quién entra a las iglesias mediante un control en el reparto de tarjetas, a qué horas accede y se marcha e incluso grabar mediante cámaras de vigilancia que los visitantes o los feligreses no sustraigan obras de arte.

El abanico de posibilidades de la tecnología MHS es todavía muy amplio y está apenas recién explorado. «La tecnología que hemos desarrollado es muy normal en muchos aspecto de la vida actual, pero al patrimonio histórico ha tardado en llegar», admite el director de la Fundación Santa María la Real. Aunque tratemos con bienes de mil años de antigüedad, los microchips son ahora los mejores aliados para su conservación.

 
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