ENTREVISTA A EMILIO NAVARRO, DIRECTOR DEL CENTRO DE ARTE CAJA DE BURGOS (CAB)

«El CAB dedicará un espacio permanente a los artistas burgaleses»

Diario de Burgos - 05/03/2014

 

Nació en A Coruña, pero ha desarrollado su carrera profesional fuera de Galicia: primero en Madrid, donde montó la galería de arte Kreisler, y después en Toledo, como director de la feria de arte contemporáneo Tránsito. En 2003 se trasladó a Burgos para sumarse al proyecto del CAB y en 2007 se convirtió en su director, labor que ahora desempeña desde Madrid.

El Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) cumplió diez años a finales de 2013 y Emilio Navarro lleva siete como responsable de este espacio, que ahora afronta una nueva etapa con el objetivo de atraer a más público. Para ello, el CAB cuenta con tres zonas nuevas para actividades y, en un futuro indeterminado, con una reorganización del organigrama para «reforzar» el área de didáctica. Entre otras cosas, de las que habla con DB quien se define como «director conceptual».

¿Cuál es el balance de estos diez años y algunos meses de vida del CAB?

El balance es, sin duda, positivo. El CAB nació con la idea de cuidar una colección que la Caja (de Burgos) había estado formando durante muchos años e incrementarla, haciendo una apuesta en cuanto a recursos tanto humanos como económicos en la tarea de difundir el arte contemporáneo. Y creo que hemos cumplido nuestros objetivos, pero hay mucho que hacer todavía. Fundamentalmente, tratar de poner en marcha mecanismos y herramientas para que la sociedad en general se sensibilice más ante el arte contemporáneo, que no pase totalmente desapercibido o como algo que no es importante en nuestras vidas.

Usted es de fuera de Burgos y ha vivido en otros sitios, así que puede comparar. ¿Los burgaleses somos más duros de mollera o más reticentes a la hora de acercarnos al arte contemporáneo?

Creo que los burgaleses no son especialmente más duros de mollera que el resto de la población española, sinceramente. Creo que este esfuerzo hay que hacerlo en Burgos, en La Coruña e incluso en Madrid. Es verdad que la sociedad española hace años que está alejada de ciertas corrientes de modernidad y le resulta más difícil emocionarse ante una obra contemporánea. Pero no solo en Burgos.

Emilio Navarro

Emilio Navarro

¿Por qué es tan difícil hacer llegar el arte contemporáneo?

Los códigos que utilizaban los artistas clásicos son fácilmente entendibles: todos sabemos interpretar un bodegón, uno ve unas manzanas en una mesa y no tiene que preguntarse nada más. Pero desde que el artista empieza a plantearse otras temáticas y se abandona la interpretación realista, hay que poner en marcha nuestro cerebro: desde la pintura abstracta hasta el informalismo, el conceptualismo, el minimalismo... Todo eso son códigos a los que no estamos habituados, tenemos que verlos y aprender a descifrarlos. Y eso cuesta un poco más.

Lo que cuesta, entonces, es pensar.

Efectivamente. Lo que nos cuesta es leer o tratar de interpretar qué es lo que nos está comunicando el artista, porque el arte no es sino un lenguaje.

¿Y cómo diría que ha influido el CAB en la ciudad de Burgos, qué ha cambiado?

Pues creo que no solamente ha sido el CAB. En este sentido, la Caja de Burgos, ahora Fundación, ha hecho una labor grandísima desde que a finales de los ochenta decidió hacer una apuesta por las manifestaciones culturales más vanguardistas. La ciudad le debe muchísimo a esta labor, porque, si no, aún tendríamos una recepción mucho menos empática con lo que hace el CAB.

¿Qué balance o reflexión hace acerca de sus ya siete años como director, cuáles cree que han sido sus aciertos y errores?

Soy una persona que suele equivocarse mucho, aunque también tenga aciertos. Es decir, no soy alguien lineal. Entonces, reconozco que hay exposiciones con las que no me he quedado contento y otras que yo, personalmente, no hubiera hecho pero que eran necesarias para no dar una visión sectaria de lo que es el arte contemporáneo. Hacer solo lo que a uno le gusta sería un error, a la sociedad hay que ofrecerle los diversos caminos por los que discurre el arte y que la sociedad lo valore. Estoy contento, pero hay que poner en marcha otros mecanismos o ser más creativos para que la gente responda a nuestra llamada.

Y por poner nombres, ¿podría decir alguna exposición con la que no se quedó contento o una de las que organizó sin compartirlo del todo?

Pues, curiosamente, la exposición del artista Hans Op de Beeck, que transformó la planta menos uno e hizo una especie de museo decimonónico dedicado a los cruceros, tuvo un exitazo increíble a nivel popular y a mí, honestamente lo digo, no me pareció una gran exposición. Y, por ejemplo, Marc Silver fue una de mis primeras exposiciones y fue muy controvertida porque incluía imágenes de alto contenido erótico... ¡Pensé que iba a durar dos días! Pero bueno, en general, creo que podemos estar contentos de haber hecho una programación bastante personal. Es muy fácil dejarse llevar por la estela de lo que los grandes gurús pronostican, pero siempre es más satisfactorio hacer una apuesta por determinados nombres. Fuimos, por ejemplo, el centro que primero hizo una exposición de David Shrigley, que este año estuvo nominado a los premios Turner (convocados por la Tate Gallery).

Entiendo que esos nuevos mecanismos para atraer gente a los que antes se refería tienen que ver con el rediseño y la creación de tres nuevos espacios. ¿Qué actividades o herramientas emplearán en estas zonas para que venga más gente al CAB?

Tenemos las salas Lecto, Contacto y Acto, pero hay que darles contenido. El primero es para documentarse, leer y estar al día sobre arte; Acto es un espacio en el que se programarán actividades visuales y también un poco más pasivas, en las que el espectador no participará tanto; y Contacto es lo contrario: para que la gente participe. Ahora hay qué pensar en qué hacemos.

El responsable de Actividad Cultural de la Fundación, Óscar Martínez, declaró hace unos días que había llegado el momento de dar protagonismo a los artistas burgaleses en el CAB. ¿Significa eso que se va a renunciar a las muestras de artistas extranjeros o a reducir la cuota?

No, significa que la presencia de los artistas burgaleses era más esporádica y ahora se les va a dedicar un espacio continuamente. Si hacíamos nueve exposiciones de internacionales y dos eran de Burgos, ahora serán seis y tres. En el piso menos dos habrá siempre artistas burgaleses o relacionados con Burgos de alguna forma.

Los primeros burgaleses de esta nueva etapa son Gerardo Ibáñez y Sacris. ¿En quién más se ha pensado a corto plazo?

El próximo proyecto, muy probablemente, sea Inés Santamaría. Digo muy probablemente porque todavía hay cosas por cerrar. Y la tercera exposición del año aún no está cerrada. Hemos puesto el proyecto en marcha hace un mes y necesitamos un poco de tiempo.

En 2015 se organizará una gran exposición sobre Modesto Ciruelos y en un momento dado se habló de hacer del CAB la ‘casa’ de artistas como Ciruelos o Luis Sáez. ¿Qué hay de esa idea?

Creo que está descartada. Cuando un centro funciona medianamente bien, aunque yo no sea quien deba decirlo, no me parece sensato dedicarlo a otro objetivo. No digo que Ciruelos o cualquier otro artista local no merezca un museo, pero que tenga que ser el CAB es algo que no acabo de entender. Este centro tiene como objetivo dar a conocer las últimas tendencias de arte actual. Ciruelos es un pintor estupendo, pero no actual. No termina de encajar con la filosofía del proyecto.

¿El nuevo proyecto conlleva algún cambio en cuanto a las funciones de la plantilla?

Sí, requiere más personal dedicado a la educación y a las actividades. Pero aún no está redefinido el esqueleto del personal del CAB.

Pero, ¿se ha incrementado plantilla o se ha redistribuido?

No se ha incorporado nadie más, pero se está pensando en un nuevo organigrama y en incorporar a personas que puedan desempeñar esa función.

¿No es algo complicado dirigir el CAB desde Madrid?

Hasta hace dos años vivía aquí, pero ahora mi postura es más bien la de un director conceptual o artístico. Propongo las directrices por las que ha de discurrir, pero la gestión diaria, que yo superviso, la llevan mis compañeras que están aquí y viven aquí.

Un objetivo fundacional del CAB era custodiar la colección de arte que formó Caja de Burgos y que desde la fusión pertenece a CaixaBank, ¿sigue siendo el CAB el depositario?

Sí.

¿Y se ha decidido formar una nueva? Es decir, ¿se están comprando obras para la Fundación?

Nosotros mantenemos y cuidamos la colección de CaixaBank, pero es suya. Las últimas adquisiciones que se han hecho en función de las últimas exposiciones organizadas en el centro, son de la Fundación Caja de Burgos.

Y en estos dos años, ¿cuántas se han comprado?

Pues serán, entre 15 y 20 obras, aproximadamente, y propiedad de la Fundación.

 
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