TODAS LAS VIDAS DE SAN JUAN

Abadía benedictina, cuartel militar, prisión, hospital, hospicio, escuela, museo... El casi milenario monasterio de San Juan, que será cubierto dentro de un año, ha sobrevivido a incendios, inundaciones, bombardeos y ruinas varias

Diario de Burgos - 09/02/2014

 

Hay edificios que sobreviven al inexorable paso del tiempo y a los avatares de una existencia azarosa con heroica obstinación. Edificios que, además, parecen en continua evolución, como si se negasen a decretar su fin. El monasterio de San Juan es uno de ellos. Dentro de un año, este recinto se cubrirá con una techumbre de vidrio y madera que permitirá optimizar este espacio en cualquier momento del año, incluido el invierno.Será la enésima vida del monasterio de San Juan, que en sus casi mil años de historia lo ha sido casi todo soportando no pocos vaivenes que, sin embargo, no han acabado con él. Desde que en 1091 el rey Alfonso VI le concediera a aquel monje francés llamado Adelelmo (que pasaría a la posteridad como San Lesmes) la carta fundacional del nuevo cenobio, la existencia de la abadía representa como pocas la de la ciudad.

En su primera época, el monasterio, de estilo románico, contó con doce monjes siendo Lesmes su prior. El futuro patrono de la ciudad consiguió integrar el reciento no sólo en el urbanismo de la capital, sino también en la sociedad, ayudando al saneamiento de calles y cuidando al peregrino. La abadía benedictina contó durante los primeros siglos con los favores de la monarquía y de la nobleza, que lo cubrieron de donativos, contribuyendo a su esplendor; encumbramiento que registraría cierto ocaso con la llegada a la ciudad de otras órdenes religiosas -franciscanos, dominicos, cartujos y cistercienses- y, sobre todo, por un violento incendio registrado en el año 1436 que dejó casi en la ruina la fábrica del monasterio.

Después de aquel siniestro, en que la congregación tocó fondo, el monasterio se rehizo. Llegaron más monjes, que trabajaron en la reconstrucción del complejo monástico, que recibió los parabienes de los Reyes Católicos e incluso del Papa Sixto IV. La abadía amplió y consolidó su patrimonio. Se encargó al gran maestro Juan de Colonia que reconstruyera la iglesia. Sin embargo, una nueva desgracia vendría a cebarse con la abadía. De nuevo el fuego, en el año 1538, lo redujo prácticamente a cenizas. A punto estuvo de disolverse la comunidad, pero su entonces abad, Juan Pardo Orense, apostó por iniciar la rehabilitación del edificio.

El monasterio de San Juan comenzó el siglo XVII reconstruido casi en su totalidad, y en las décadas siguiente recobró toda la importancia y el protagonismo en la ciudad como centro de promoción de obras artísticas. Ejemplo de su pujanza, la construcción de una gran espadaña, capaz de soportar cinco grandes campanas; espadaña que ya en el siglo XIX pasó a convertirse en el cuerpo de la torre que hoy se conserva.

EL CONVULSO SIGLO XIX

Monasterio de San Juan

Monasterio de San Juan

La invasión napoleónica de 1808 supuso la primera interrupción de la vida monástica en San Juan. Expulsados los monjes, la abadía fue ocupada por las tropas francesas. La huella de la ocupación en el monasterio quedó todavía más marcada cinco años después, con la marcha de los franceses, toda vez que el colmo de la mala suerte quisiera que la voladura del castillo por las tropas de ocupación antes de su huida afectara al centro monástico, destrozando la fachada de la iglesia.

Una vez más, como el Ave Fénix,San Juan se recuperó. Sin embargo, las sucesivas desamortizaciones hicieron que el complejo religioso tuviera otros fines: presidio, parque de artillería y cuartel de milicias. Poco tiempo después, se convirtió en casa de expósitos y hospicianos; un poco más tarde, de nuevo fue cárcel; a mediados de siglo, casa-refugio. Ya en el siglo XX, en 1934, diez años después de que fuese trasladado definitivamente el penal, el Ayuntamiento de Burgos obtiene la propiedad del monasterio, del que emite un informe de su estado casi ruinoso de la iglesia y del claustro.

Mientras el gobernador civil de la época pide al Consistorio capitalino que derribe el inmueble, en septiembre de 1936, con España en plena guerra, una bomba case sobre el hospital, afectando todavía más al complejo monástico-asistencial. Superviviente de todo, cuando estaba a punto de decretarse su demolición, la Comisión Provincial de Monumentos propone que San Juan sea declarado monumento histórico-artístico, lo que impediría su desaparición. El monasterio obtuvo esa declaración en 1944, lo que garantizaba su supervivencia. En 1961 todo el conjunto monástico fue declarado monumento histórico-artístico y tras nuevas obras de rehabilitación, consolidación, limpieza y cubrición del antiguo convento y del claustro, en 1966 se creó en sus estancias el Museo Marceliano Santamaría, que sigue ocupándolas hoy.

Fuente: Fabiola Monzón Moya.

 
Imprimir Enviar a un amigo

Licencia de uso. Diseñado por Stylos.es - Diseño web