EL SOBRADO SUCUMBE A LA RUINA

Entre 2011 y 2013 se cayeron cinco casas en el entorno y hay otras dos con orden de derribo, a las que se añaden dos bloques cuya inspección ha sido desfavorable

Diario de Burgos - 09/02/2014

 

Nada a la derecha y nada a la izquierda. El número 10 de la Plaza del Sobrado se mantiene en pie cual bastión en medio de una hilera de casas arruinadas o a punto de caer. De ladrillo rojo y con escudo en la fachada, esta es ahora la única construcción de la plaza que puede dar una idea más aproximada del esplendor del pasado. Y también es una de las pocas viviendas en la que al llamar al timbre hay quien se asome a la ventana, aunque sea solo para contestar con evasivas sobre la propiedad de la casa y concluir que qué se le va a hacer si el Sobrado se viene abajo. Al fin y al cabo, es algo que «ya sabe todo el mundo», apunta esta vecina esquiva.

Y no solo es que no le falte razón, sino que es algo que se veía venir desde hace lustros y ante lo que ahora quizá haya poco que hacer. Entre finales de 2011 y 2013 se desplomaron cinco viviendas (números 24, 6, 4, 8 y 42) hay una sexta vallada y a punto de ser demolida (uno de los dos 18 que hay en el Sobrado al haber numeración antigua y nueva), otra con una declaración de ruina encima (40) y otras dos sobre las que pesa un informe desfavorable tras la Inspección Técnica de Construcciones impuesta por el Ayuntamiento (39 y 17). ¿Cuál será la próxima en caer?

Lo ocurrido en la plaza del Sobrado sería impensable en cualquier otro punto de la ciudad y máxime si se trata de un entorno tan singular tanto por sus características artísticas y arquitectónicas como por su ubicación. Impensable porque ante la dejación de los propietarios en cuanto a mantenimiento, seguridad y ornato, el Ayuntamiento actúa por su cuenta y a continuación pasa la factura a los propietarios (como se iba a hacer en el número 28 del Espolón). Pero en el Sobrado se da la circunstancia de que el dueño de 17 de las 40 viviendas es el Real Patronato del Hospital del Rey, organismo administrado por Patrimonio Nacional y, por lo tanto, por el Estado. La hemeroteca de este periódico es testigo de que en la última década el Ayuntamiento de Burgos ha pedido auxilio en público al Estado en diversas ocasiones -la última en abril de 2012- pero con poco éxito. De hecho, la concejala de Licencias, Dolores Calleja, afirma que no ha habido ninguna reunión entre Patrimonio y Ayuntamiento desde hace más de tres años.

Plaza del Sobrado

Plaza del Sobrado

El 2012 comenzó con la ruina del número 24 de la calle Arco de la Villa, la que conecta Juan de Austria (la de los asadores) con el Sobrado. Esta era, según diversos expertos, una de las casas de mayor valor arquitectónico del complejo y era también una de las 17 cuyo mantenimiento dependía de Patrimonio Nacional. Se declaró en ruina en 1996 y primero porque no se pudo (tenía inquilinos con renta antigua en una de las plantas) y después porque no se quiso, la estructura se deterioró hasta tal punto que el Ayuntamiento tuvo que decidir en 2010 que debía tirarla y luego pasarle la factura a Patrimonio. Y así se hizo. En enero de 2012 comenzó la demolición del número 24 de esta calle y, al cabo de unos meses hubo que proceder en otros tres bloques colindantes, aunque ya ubicados en la plaza, que cayeron cual fichas de dominó. Se trataba de los números 4, 6 y 8, casi los primeros a mano derecha una vez que se cruza el arco. En estos casos los propietarios eran particulares que, al menos, se pusieron de acuerdo para presentar un proyecto de demolición conjunto y para cerrar los solares con muros que mantienen la misma estética.

Ante las numerosas críticas por lo ocurrido y el no menos importante hartazgo del Ayuntamiento por la imposibilidad de exigir a los particulares lo que la Administración no hacía, Patrimonio anunció su intención de «proponer» algunas mejoras en el entorno y que, básicamente, se concentraron en el bloque que está justo a la izquierda del Arco de la Villa (siempre que se acceda desde la calle de los asadores y en sentido al Campus). Este edificio, también de ladrillo rojo, tiene la peculiaridad de que aglutina varios números de distintas calles. Por una parte están el 17 y 19 de la plaza del Sobrado; y, por otra, los números 7,8 y 9 de la plazoleta Patio Cerrado, también colindante con el Hospital del Rey. Tanto en una zona como en otra hay varios pisos con evidencias de estar ocupados e, incluso, de haber cambiado puertas, ventanas o mejorado la fachada principal.

INSPECCIONES

De hecho, son estas viviendas las que aglutinan la mayor parte de la inversión que Patrimonio afirma haber realizado desde 2012 en sus propiedades de la zona. En concreto, y según datos oficiales, en 2012 y 2013 restauraron el portal y una vivienda del número 17 tras una inversión de 39.309 euros, redactaron el proyecto de restauración de cubiertas y patologías varias de este bloque con personal de Patrimonio y añaden «otras obras de conservación y mantenimiento» para las que se presupuestaron más de 47.176 euros.

Y a esto hay que añadir otras intervenciones más obligadas que voluntarias. En 2013 entró en vigor la obligación de realizar la Inspección Técnica de Construcciones sobre los inmuebles más antiguos de la capital, los datados entre el siglo XIV (1300) y finales del siglo XIX (hasta 1892). Entre ellos se encontraban nueve de los levantados en 1850 al amparo del Hospital del Rey: el número 2 (pegado al arco de entrada, apuntalado en un lateral y con aspecto de haber sido reformado); el 10, mencionado al comienzo de este texto; el 17, 18, 37, 38, 39, 40 y 41 (en el Sobrado coincide numeración antigua con nueva, por lo que hay dos casas con número 18, una pegada al Arco de la Villa y reformada y otra con declaración de ruina).

Al Real Patronato del Hospital del Rey le correspondía presentar las inspecciones correspondientes a los números 37, 38, 39 y 17, así como a otras viviendas a las que, como ya se ha indicado con anterioridad, se accede desde la plaza del Patio Cerrado. El resultado de estos chequeos acerca de estructuras y conservación fue que los números 37 y 38 están en buenas condiciones, pero no así en las otras dos. Sin embargo, la declaración como no favorable es resultado de los proyectos encargados por Patrimonio, por lo que los técnicos del Ayuntamiento están revisando ahora si es cierto que las casas está mal, por qué y qué se puede hacer al respecto. En caso de que los técnicos consideren que son medidas subsanables (y en el bloque 17 probablemente lo sean, porque como ya se ha explicado está habitado y Patrimonio invierte dinero en mantenerlo) se indicará qué hacer y no habrá mayor problema, pero si el dictamen del personal municipal corrobora el deterioro, serían otros dos bloques abocados a la ruina.

Lo mismo que ocurrió en la casa de planta y piso numerada con el 18 (este número está duplicado), cuya inspección concluyó con una amenaza de ruina inminente o, lo que es lo mismo, que no hay nada que se pueda hacer más allá de derribar la construcción. Y los propietarios, que son particulares, han tomado nota: han vallado la antigua vivienda y se supone que en unas semanas será otro solar a sumar a los ya despejados. «Esto es lo bueno de las ITC, que hacen aflorar las ruinas -explica la concejala Dolores Calleja- pero lo malo es que al tirarla, se pueden venir abajo otras y llegas a plantearte si es mejor tirarlas o mantenerlas». Esto fue lo que ocurrió cuando el Ayuntamiento se encargó de tirar la del Arco de la Villa, que a continuación se vinieron abajo otras. Y esta casa sentenciada con la declaración de ruina inminente ya tiene un solar a la derecha (la casa se demolió hace más de diez años) y las dos viviendas de Patrimonio que, de momento, han superado la Inspección Técnica de Construcciones (37 y 38), pero sobre las que no está claro cómo puede influir la demolición de la casa contigua. Y máxime cuando a la izquierda de estos dos bloques hay otro de ladrillo rojo (39) que es de Patrimonio y no ha salido bien parado de la ITC y, a continuación, otra casa de un particular (el 40), según informó Dolores Calleja, que también se ha declarado en ruina.

Es decir, que con el panorama actual, las dos casitas que ha podido salvar Patrimonio podrían quedar a la intemperie por la derecha y por la izquierda. «Es desalentador, pero no podemos exigirle a un particular lo que la Administración no hace. Y el Sobrado se ha protegido tanto para que se pudiera ver tal cual era, que se ha cargado a los particulares de una carga que no pueden asumir», señala Calleja. Y, de hecho, la concejala de Licencias considera que cuando la Administración declara «una protección, debería decretar también una serie de medidas» para garantizar que es posible asumir esa protección. De lo contrario, Calleja cree que seguiremos encontrándonos con nuevos ejemplos de lo ocurrido en el Sobrado: que se supone que está protegido, pero ni Estado ni particulares asumen lo que conlleva tener una propiedad en un espacio a preservar.

Y así, el Ayuntamiento se encuentra con situaciones como que cuando van a pedir cuentas a un particular por el deterioro de una vivienda, no es posible dar con él, o resulta que hay varios propietarios (resultado de las herencias) a los que es imposible localizar y, cuando se consigue, resulta que la casa ya se ha caído. Es lo que ha ocurrido en el número 42, el último de la hilera de casas en dirección al Campus, en el que no se pudo exigir que pasaran la ITC, porque para ese momento ya estaba arruinada. De hecho, el pasado noviembre se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) el requerimiento del Ayuntamiento para que el propietario, una sociedad, retire los restos de vigas y piedras que quedan en la parcela y deje el solar limpio.

Y a partir de ese momento, solo queda esperar al próximo hundimiento en un entorno que pudo ser privilegiado, pero que cada día está más cerca de ir a convertirse en una explanada. Bien urbanizada, eso sí.

 
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