AGUSTÍN LÁZARO: «ME HUBIERA GUSTADO DEJAR RESUELTO LO DE LA CALEFACCIÓN»

Agustín Lázaro se va... Deja el cargo que ocupaba desde 1994, pero tiene un sinfín de proyectos. Sigue oficiando misa en el monasterio de Las Huelgas

Diario de Burgos - 02/02/2014

 

Para Agustín Lázaro la jubilación no va a suponer un punto final en su actividad profesional. Ni mucho menos. Y es que adelanta que tiene muchos proyectos en mente sobre los que quiere trabajar ahora que va a contar con más tiempo, aunque bromea: «Todo va a depender de lo que me llame el nuevo». (Se refiere a su sucesor en el cargo de canónigo fabriquero, Víctor Ochotorena).

Entre esos trabajos pendientes, está el de escribir un libro sobre la Capilla de los Condestables en todos los aspectos: histórico, arquitectónico y artístico. «Y sobre todo el religioso y catequético que tiene, que es impresionante». Con esta publicación -asegura- le gustaría «descubrir» algunos secretos que aún se desconocen como que, en el centro, tuvo un retablo gótico de Gil de Siloé, que pudo terminarse hacia 1498, y que se desmontó pocos años después de ser hecho, hacia 1520. De él sólo queda el crucifijo, que es de madera. «El segundo Condestable vio que le interesaba muchísimo hacer un retablo más grandioso y se lo encargaron a Diego de Siloé y Felipe de Vigarny», añade. Esta obra se considera una de las más notables del primer Renacimiento español.

Por otro lado, Lázaro baraja otra publicación sobre Las Huelgas, monasterio del que es capellán desde 1984. «Aunque se conocen muchos detalles de este edificio fundado en 1187 por Alfonso VIII y su esposa doña Leonor, y que pertenece a Patrimonio Nacional, hay otros muchos aspectos que quedan por investigar».

Agustín Lázaro

Agustín Lázaro

Igualmente le gustaría que se escribiera un capítulo, «aún pendiente», sobre la Catedral: el de las obras de restauración llevadas a cabo en el templo desde el siglo XIX hasta hoy. No obstante, considera que esto debería ser un trabajo conjunto de arquitectos, aparejadores, etc. Y es que es un enamorado del templo gótico, que visitaba mucho ya siendo un niño. «Viví algunas temporadas en la plaza de Santa María, donde tenía unos tíos y unos primos, e íbamos mucho a la Catedral. Incluso si podíamos subíamos a las torres...», recuerda entre risas. Fue entonces cuando se forjó su pasión por el estudio del arte.

Pese a que su larga e intensa actividad profesional ha dado de mucho de sí, también hay algunos asuntos pendientes que le hubiera gustado ver resueltos. Entre ellos, resalta el de la necesidad «imprescindible» de que la Catedral cuente con calefacción: «Supongo que con el tiempo madurará y se podrá llegar a acordar un sistema -el menos dañino y más eficaz posible- que resuelva esta carencia». En la misma línea, recuerda que en estos años se han estudiado distintas posibilidades por parte de un buen número de expertos, incluso a nivel nacional, y «todos» coinciden en que el suelo radiante sería el más adecuado. Respecto a las sucesivas negativas por parte de Patrimonio de la Junta a aceptar esta opción, explica que «si hay diálogo, las teorías pueden cambiar». Y, de hecho, confía en que se produzca un consenso cuanto antes, si bien cree que «tardará». «Lo primero que hay que hacer es sentarnos a dialogar», agrega.

Al margen de ello, apunta que pese a todo lo que se ha hecho, aún quedan obras pendientes en la Catedral para otros cinco años más.

Pese a la imposibilidad de resumir toda una vida laboral en unos minutos, Agustín Lázaro sí guarda en la memoria algunos momentos imborrables. El primero de ellos, durante su estancia en Oña, cuando se descubrieron los trajes reales, las pinturas de Santa María Egipciaca -un «precioso» mural al fresco del siglo XIV- y la ‘Última Cena’, de 1141 y una obra que mandó hacer Alfonso VII El ‘Emperador’, con una influencia de los monjes cluniacenses. «Este último hallazgo fue curiosísimo porque se estaba haciendo la adaptación del cenobio, cuando lo dejaron los jesuitas, para convertirlo en hospital psiquiátrico. Entonces, el empresario que se encargaba de estos trabajos se hospedaba en la misma casa donde yo iba a comer y nos hicimos muy amigos», rememora. «Un día le advertí que cuando hiciera la obra del comedor tuviera cuidado porque podía haber hallazgos importantes; y así fue. En 1968, estando yo en el colegio, vino un obrero a buscarme para decirme que me estaba esperando Miguel (el empresario) porque estaban apareciendo cosas curiosísimas».

Tampoco escapan a su memoria las anécdotas en torno a la Catedral, como por ejemplo, cuando se restauró la capilla de San Enrique. «En una ventana se veían unos bajorrelieves que parecían unas lápidas sepulcrales de estilo románico. A mí eso me chocaba y tenía razón: cuando se pusieron los andamios, lo primero que hice fue subir y empezar a cavar por los laterales. Así descubrí lo que me imaginaba: había dos sepulcros que habían sido empotrados por una ventana». Estos guardan los restos de los dos primeros hijos de Alfonso VIII: Sancho y Sancha.

Se muestra encantado con los nuevos retos que tiene por delante y justifica así su jubilación: «Cuando uno llega a los 80 años, no tiene la agilidad ni mental ni corporal para seguir al mismo ritmo». Sin embargo, con sus múltiples planes demuestra que va a seguir siendo un hombre inquieto y activo.

LE SUSTITUYE VÍCTOR OCHOTORENA: «AHORA TOCA MANTENER LAS OBRAS»

Aparejador de formación y capellán de las Benedictinas de San José, durante 29 años su trabajo se ha centrado en levantar estructuras de madera de templos y casas parroquiales de la provincia con el fin de evitar su deterioro. «Al principio hacía lo que podía porque el principal problema es que me daban muchas obras, pero poco dinero», recuerda para ilustrar aquellos duros inicios.

En los años 90, y gracias a las casualidades que a veces tiene la vida, conoció a Fermín González, que estaba de párroco de Cebrecos -entre otros pueblos- y en cuya iglesia era preciso colocar una estructura de madera para evitar su derrumbe. A raíz de aquel primer contacto y tras percatarse de las necesidades que había a este respecto en la provincia, decidieron crear el Servicio Técnico de Obras del Arzobispado. Así, pudieron hacer frente a las trabas, principalmente económicas, con que se topaban a la hora de ejecutar estas obras en los núcleos de población pequeños. En paralelo, se firmó un convenio a tres bandas -Arzobispado, Diputación y Junta de Castilla y León- para paliar en la medida de lo posible estos gastos y, además, ambos acordaron proyectar y construir las estructuras de madera, así como colocarlas junto a los albañiles que contrataban, mientras los vecinos del pueblo que podían echaban una mano. En total, en 11 años, ambos llegaron a levantar unas 500 estructuras que ahora es preciso «mantener» porque el trabajo no acaba ahí.

En la última etapa, Ochotorena y González han seguido trabajando juntos aunque cambiaron los viajes por la provincia por largas estancias en el Palacio Arzobispal. Y es que Don Francisco Gil Hellín, en el cargo desde 2003, les encargó supervisar la rehabilitación de este histórico edificio, trabajos que iniciaron en 2007. «Una vez concluidos estos, nos centramos en la reforma del Archivo de la Facultad de Teología, que finalizará en breve». Sin embargo, a raíz del nombramiento de Ochotorena, Víctor se ha quedado solo en el encargo.

Respecto a la etapa laboral que ahora acaba de iniciar, este aparejador tiene claro cuál es una de sus principales preocupaciones en la Catedral: «Tras haberse llevado a cabo la inmensa mayoría de las obras de rehabilitación que requería la Seo, ahora es el momento de volcarnos en su mantenimiento porque, ¿de qué nos sirve lavar la cara a las capillas si se nos vuelven a manchar?», asegura, al tiempo que reconoce que se trata de una «labor ingente, puesto que la Catedral es un edificio muy complejo».

A este respecto, confiesa también que le ilusiona trabajar en un edificio «tan importante» como éste. «Y eso que no soy burgalés, sino que nací en San Sebastián, aunque evidentemente ya me considero casi de aquí», reconoce entre risas. De hecho, entre 1970 y 1975 estudió en la capital Arquitectura Técnica y en el periodo 1975-80 se fue a San Sebastián a trabajar como aparejador. Posteriormente volvió a Burgos para estudiar Teología (1980-85) y en 1985 le ordenaron sacerdote. «Llevo más tiempo aquí que en San Sebastián...», apunta.

Agustín Lázaro y Víctor Ochotorena

Agustín Lázaro y Víctor Ochotorena

Seguramente su principal ‘caballo de batalla’ para los próximos meses va a ser el de la calefacción. «Es un tema complejo porque, además, han entrado muchas personas a opinar y lo que hay que hacer es coordinarlo».Y es que critica que, en España, la administración de todos los bienes artísticos está «muy fraccionada», lo cual ha llevado a actuar con criterios distintos.

En este sentido, su conocimiento y su visión del asunto va más allá, dado que pasa temporadas en verano en Roma y está muy imbuido de todo el arte italiano. «Por ejemplo, en la catedral de Florencia, el pavimento de la nave longitudinal está sobre una estructura metálica porque abajo está hueco. Es decir, que los criterios son muy distintos». Tampoco entiende el revuelo que se generó en la ciudad cuando se sustituyeron por copias algunas estatuas originales. «En Italia era algo que se llevaba haciendo durante años en lugares como la Catedral de Pisa, Siena o Florencia».

Junto a todo ello, ya está dando vueltas al futuro del Archivo Catedralicio. «Hay que valorar dónde se ubica y también hay que climatizarlo». Y no descarta tener que consultar alguna vez a su predecesor en el cargo: «Que no se preocupe, que le llamaré...».

 
Imprimir Enviar a un amigo

Licencia de uso. Diseñado por Stylos.es - Diseño web