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PRERROMÁNICO Enlazando con la época visigoda, la Sección de Bellas Artes del Museo de Burgos se inicia con una serie de piezas que son testimonio de las primeras manifestaciones artísticas de la Alta Edad Media. De Tordómar, concretamente del desaparecido monasterio de Valeránica, proceden dos fragmentos de cancel, un cimacio y parte de una tapa de sarcófago. Estos restos arquitectónicos, fechados entre los siglos VIII y X, presentan una fina decoración a base de uvas, pámpanos, motivos vegetales y sogueados. Los dinteles de ventana y la ventana geminada de estilo mozárabe fueron recuperados de la desaparecida iglesia de Valmayor de Cuesta Urria. También mozárabe es el pequeño ara de altar de la ermita de las Santas Centola y Elena de Siero. En el centro, tiene una oquedad rectangular destinada a albergar las reliquias; encima, aparece la inscripción CIPRIANVS FECIT; y a los lados, se disponen una cruz patada con el alfa y omega y la representación esquemática de un laberinto. De la misma época es el capitel de un parteluz decorado con hojas de talla muy plana procedente de Busto de Bureba. La lápida conmemorativa de la refundación de Lara de los Infantes en el año 867 procede de la desaparecida ermita de San Julián, mientras que el capitel mozárabe decorado con hojas de acanto es de Padilla de Abajo. Por último, una selección de estelas sepulcrales completa la exposición correspondiente al período postvisigótico o condal. Entre ellas, hay que destacar la más antigua, del siglo VIII, que procede de Tordómar y recuerda a un tal GRASEA.
ROMÁNICO Ya dentro del estilo románico, debemos detenernos, debido a su excepcional importancia dentro de la orfebrería románica de la Europa cristiana, ante el Frontal o Urna de Santo Domingo de Silos. Se trata de la obra maestra de la esmaltería silense y fue realizada hacia 1165-1170 con la finalidad de decorar el frente del sepulcro del santo. De forma rectangular, está compuesto por tres tablas de roble revestidas de placas de cobre dorado y esmaltado. En el centro, dentro de una mandorla, aparece la Maiestas Domini, rodeada por el tetramorfos. A los lados, bajo arquerías coronadas por estructuras arquitectónicas, se disponen los apóstoles. Hay que apreciar la gran variedad de rasgos y peinados, que conduce a una auténtica individualización de los personajes. Las arquerías bajo las que se cobijan las figuras apoyan en columnitas magistralmente labradas con motivos geométricos y vegetales y multitud de seres fantásticos. Una deteriorada orla sirve de encuadramiento al conjunto. En ella, se van ritmando cabujones con pequeñas placas esmaltadas, que incluyen una serie de animales fantásticos de largos cuellos y colas enroscadas que giran en torno a un eje de simetría. Otra de las singulares piezas procedentes de Santo Domingo de Silos es una arqueta formada por una serie de placas de marfil decoradas con motivos cinegéticos, atauriques y animales afrontados dispuestos en bandas horizontales. Conserva una inscripción en caracteres cúficos que indica que fue realizada en los talleres de Cuenca por Muhammad ibn Zayan en el año 1026. Posteriormente, en el siglo XII, se le añadieron, en los talleres del propio monasterio, dos placas de cobre doradas y esmaltadas que representan, en la tapa, el Agnus Dei, y en uno de sus laterales, a Santo Domingo entre dos ángeles. Y es que, posiblemente, esta arqueta guardó las reliquias del santo. De los talleres cordobeses de Medina Azahara, es el estuche de marfil del siglo X realizado sobre un trozo de colmillo que se abre longitudinalmente por la mitad. En su interior, se disponen cinco oquedades en cada lado, decorándose los espacios libres con atauriques. En los extremos, se conserva parte de una inscripción cúfica que alude a su propietaria, “la señora hija de Abd-ar-Ranman príncipe de los creyentes”. Según la tradición, fue entregado al monasterio por el conde Fernán González, junto con la arqueta de marfil y esmaltes, como ofrenda del botín conseguido en la batalla de Osma (939). Finalmente, de este monasterio es también la arqueta de esmaltes del siglo XII elaborada en los talleres de Limoges. Realizada igualmente en los talleres de Limoges hacia 1225-1235, y procedente de San Pedro de Arlanza, es la famosa Virgen de las Batallas, que fue adquirida en el año 1998 por el Museo del Prado y depositada en el Museo de Burgos. Cuenta la leyenda que el conde Fernán González la llevaba en sus batallas, a pesar de que se trata de una obra del siglo XIII y el conde vivió en el siglo X. Un conjunto interesante de elementos arquitectónicos románicos lo constituyen los capiteles, canecillos, cimacios y ménsulas procedentes de diversos monumentos de la provincia, de los que merecen especial atención los capiteles con animales fantásticos de la desaparecida iglesia de Santa Magdalena de Tardajos y el canecillo zoomorfo del monasterio de San Juan de la Hoz de Cillaperlata. Otra pieza emblemática es La Tizona, una de las espadas más célebres de El Cid Campeador, D. Rodrigo Díaz de Vivar (1043-1099). Fue adquirida en 2007 por la Junta de Castilla y León y la Cámara de Comercio e Industria de Burgos y depositada en el Museo de Burgos. Mide 0.785 m. de largo por 0.045 m. de ancho. Según los últimos estudios realizados, la hoja, de gran calidad, es contemporánea del Cid, mientras que la empuñadura original fue sustituida por otra renacentista en la época de los Reyes Católicos.
GÓTICO Ya de estilo gótico, de finales del siglo XIII o comienzos del XIV, son los cuatro bultos funerarios de madera procedentes de la desaparecida iglesia de la Natividad de Villasandino. Están elaborados cada uno en una sola pieza y, en origen, estuvieron policromados. Dos de ellos parecen formar pareja, un caballero con larga espada sobre el cuerpo y una dama, mientras que los otros dos representan a un caballero con su halcón y a un clérigo. Por último, del desaparecido convento burgalés de San Pablo, podemos apreciar un frontal de altar de piedra decorado con escenas de la vida de Cristo dispuestas dentro de arquerías. Se trata de una obra gótica, de comienzos del siglo XIV, que aún conserva restos de policromía. |
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